sábado, mayo 19, 2007

Memoria del período nazi en Alemania.


Nos interesa ahora observar un caso pragmático de las formas en que se recuerda un pasado que implica una ruptura puntual en la historia de una sociedad , nos referimos al ejemplo de la Alemania Nazi y la reacción de la sociedad alemana en los 60 años que van desde el fin del régimen hitleriano.

Por razones prácticas vamos a referirnos a los aspectos que hacen a la memoria en la Republica Federal Alemana y hasta la actualidad en la Alemania unificada.

Desde que la memoria, a diferencia de la historia, es selectiva, vamos a encontrar aspectos que se eligen valorar y recordar y otros que se intentarán olvidar y si fuera posible (caso extremo) negar. Cuanto más traumático sea ese pasado, más complejo son los mecanismos concientes e inconscientes que se activan en, relación a la memoria que está involucrada en ese hecho.

En el caso de la Alemania de la posguerra hallamos un colectivo que se encuentra luego de la caída del nazismo, enfrentado con la derrota, su propio dolor y el horror de lo causado por una política criminal llevada a cabo por Hitler y su régimen nacionalsocialista, que actuó en nombre de Alemania y que fue apoyada por un número importante de la población (aunque hubo excepciones muy honrosas), en muchos casos por acción y en otros por omisión.
El aspecto prevalente de esa memoria tiene que ver justamente con la acción criminal, el genocidio singular del pueblo judío y el pensamiento racial.Y al estar involucrados tan grandes sectores de la población , ya sea en forma directa o indirecta, vemos que hay una dificultad objetiva para aproximarse desde la memoria. Esa misma mayoría se sabe en el aspecto moral responsable.

Para los sobrevivientes de la Alemania nazi el recuerdo de su inmediato pasado no sólo era doloroso sino también podía acarrear un fuerte sentimiento de culpa al implicar la aceptación de la complicidad (en diferentes grados) y por lo tanto responsabilidad criminal y penal.
Esto derivaba en un pleno rechazo a la memoria o, a la observación desde la distancia como un acontecimiento ocurrido a un colectivo extraño. No se debe olvidar el compromiso de determinado sector de la sociedad civil, como los poderes económicos, los estamentos jurídicos-administrativos, las instituciones eclesiásticas (católica y protestante),etc.

Hay otro factor que pesa abrumadoramente sobre la generación sobreviviente que debió enfrentarse en primera instancia con la responsabilidad y su memoria; y es el hecho que el fin del régimen criminal, no aconteció, como bien destaca Groppo por una rebelión interior que hubiera salvado en parte el honor de Alemania, sino por la intervención de ejércitos extranjeros y que las fuerzas resistentes en su interior no fueron especialmente gravitantes en la derrota de Hitler, como otros colectivos de la resistencia por ejemplo los maquis en Francia o los partisanos en Italia. Y esto sin desmedro de los opositores a Hitler y su política que hubo en Alemania en el periodo de 1933-1945 y que pagaron con su vida o con cárcel su accionar.

Ese recuerdo del pasado implicaba compromiso. pues eran parte necesaria, aunque no suficiente, para la comisión del delito que la historia le imputa a la Alemania de Hitler.
Esto llevaba por una parte a una toma de posición y el asumir la responsabilidad correspondiente, al preguntarse cuánto era la contribución personal a ese pasado reciente y sus consecuencias.

Karl Jaspers va tratar ese tema durante la posguerra en su libro, Die Deutsche Schuld y pondrá en evidencia el retaceo de la sociedad alemana de su tiempo, a hacer una análisis de conciencia aplicado a su pasado. Un huir a la indiferencia imposible , un desentenderse de la responsabilidad propia y un escapar de la culpa son sus signos persistentes.
Esto fue favorecido por tres hechos esenciales. Primero hubo muy pocos personajes de relevancia que estuvieron dispuestos a interrogarse, decididos a asumir culpas y errores .En segundo lugar el juicio de Nuremberg y los subsiguientes, dieron cierta apariencia de justicia y pago de culpa generalizado. Si los jerarcas habían sido ejecutados o encarcelados, los principales culpables muertos, no había que ir más allá en la búsqueda de criminales y responsables.
En tercer lugar, la amenaza comunista, tan próxima en aquellos días, llevó a dirigir las miradas hacia el enemigo exterior, no a una introspección.

La ausencia de esta reflexión de la sociedad alemana de posguerra se extendió hasta la llegada de una nueva generación que no se sentía comprometida directamente con el nazismo pero que estaba afectada por el peso de la historia de sus mayores.
Los juicios de Eichmann o de Frankfurt contra los carceleros de Auschwitz despertaron a esta nueva generación sobre una realidad difusa y silenciada.
Ese pasado que no se quería recordar estaba construido de multitud de historias personales, familiares, etc.de gente común, no sólo de altos jerarcas criminales, sino también de gente común de todo los estamentos sociales.
Los hijos no aceptaron la amnesia oportuna de sus padres y tampoco las explicaciones (aún se escuchan hoy) de ignorancia de lo que en verdad sucedía en el frente Este o en Dachau.
Esta generación inquirió por sus responsabilidades, y aunque la mayoría negó toda culpabilidad (más allá de las propias de la ignorancia) y en otros casos alegó una obediencia ineludible dada las circunstancias, estaba claro que en eso que se llamó “amnistía fría”, que era una amnistía de ipso para los responsables de menor grado en el pasado nazi, también se incorporaba una ausencia de arrepentimiento y un definitivo olvido.
En ello como señala R.Giordano , “agregan una culpa a su pasado: negar y remitir al olvido las culpas del nazismo. No para defender al Führer sino su propia vergüenza”

Hubo por supuesto intentos oficiales y desde sectores conservadores, de cerrar el paso a esta memoria emergente que reclamaba lugares y responsabilidades, pero ciertamente vanos y que sólo contribuyeron a abrir aún más el tema. Quedó claramente demostrado que durante ese período hubo victimarios, víctimas e indiferentes, pero no neutrales.

(En cuanto al debate intelectual de los historiadores en Alemania a mediados de la década del ochenta, me refiero a lo que comúnmente se llama “Historikerstreit” y sobre las posturas de Ernst Nolte y Jürgen Habermas, lo reseñaré en un post monográfico cuando finalice esta serie.)

Hoy vemos que el pasado nazi está presente no sólo en el recuerdo de edificios semidestruidos que se conservan así desde la Segunda Guerra Mundial como mojones de un pasado terrible, sino también en reconocimientos públicos como los de Günter Grass o programas escolares, exposiciones, etc. muchas veces impulsada por colectivos como la comunidad judía que busca mantener viva su memoria de un tiempo lacerante.

El planteo final puede estar dado por la pregunta :¿Es esta reacción de las nuevas generaciones de intelectuales alemanes y de la sociedad en general, suficiente? ¿Está la memoria histórica de los sobrevivientes y la memoria adquirida por la posteridad atesorada por la historia alemana? Quienes hicieron posible esta etapa tan terrible en la historia alemana se sirvieron de vías democráticas para asumir el poder (aunque luego la abandonaran), se nutrieron de intelectuales, científicos y gente común para llevar a cabo la barbarie criminal y se organizaron desde el poder de un gobierno legitimado internacionalmente. Esto es pasado sí, pero la memoria de ese pasado tiene la posibilidad de interactuar con el presente y el futuro.
El lugar de la memoria histórica , no simplemente el conocimiento de la historia, es fundamental, porque como decía el Premio Novel Elie Wiesel: “una memoria que no tomase en cuenta el futuro violaría el legado del pasado.”

2 comentarios:

Orlando Inagas dijo...

Daniel
Creo que expresas bien ese sentimiento ambiguo de culpabilidad - no arrepentimiento que pudo hacer presa de la sociedad alemana de las postguerra (www II).

Esto creo que demuestra lo peligroso que es dar todo el poder a una persona ambiciosa, prepotente y ampliamente megalómana.

La sociedad venezolana corre un gran peligro ante el avance dictatorial de su gobierno. El poco grado de cultura del ciudadano común ayuda muy poco a poner un coto a esta situación. Muchos otros se hacen los ignorantes o de la vista gorda. Dios quiera que no nos ocurra nada grave; porque entonces los culpables seríamos nosotros, por ser incapaces de detener el mal.

Un saludo respetuoso.
:D

Daniel Pisoni dijo...

Gracias Daniel por tu comentario.

Desconozco la situación en Venezuela, sólo sé lo que dice la prensa.
En cualquier caso en toda sociedad hay elementos pensantes que pueden discernir los peligros y riesgos de determinados derroteros, los hubo en Alemania en 1933-45,etc. y su responsabilidad es la de advertir "del fuego." También los encontramos a nivel espiritual , aunque con clara incidencia secular en los Profetas Menores de la Biblia, por ejemplo.Pero las culpas no son de los que advierten, sino de los que callan.

Un abrazo.